Cuando alguien en la familia atraviesa un trastorno alimentario (TCA), todo el sistema se ve afectado. Los padres no saben qué hacer, los hermanos no entienden qué pasa, las comidas se convierten en un campo de batalla y la convivencia se deteriora.
La terapia familiar no es para buscar culpables. Es para entender qué dinámicas se han generado, aprender a acompañar sin dañarse y reconstruir la comunicación en casa.
Trabajo desde un enfoque de terapia familiar sistémica, lo que significa que no miro solo a la persona que tiene el síntoma, sino a todo lo que ocurre a su alrededor. Muchas veces, los cambios más importantes en un TCA no empiezan por el paciente, sino por la familia.
En muchos casos, la terapia familiar se complementa con sesiones de terapia individual para trabajar lo que cada persona necesita a nivel personal dentro del proceso.
Las sesiones son online y pueden incluir a los miembros de la familia que sea necesario en cada momento del proceso. Si sientes que tu familia necesita orientación, escríbeme y valoramos juntos cómo empezar.

